Asi Nace El Sonido de Proyecto Uno

julio 27, 2015 10:35 AM
Por Nelson Zapata

Nelson Zapata, padre de la histórica banda neoyoricana, recuerda cómo fue que se inventó el sonido que revolucionó para siempre la música del continente.

Rick Echavarría y Nelson Zapata, alineación original de Proyecto Uno. ¡Duro y seguro!

Mi nombre es Nelson Zapata.

Nací en Santo Domingo, Republica Dominicana. Saqué mi color chocolate de mi padre, Rafael Zapata, aunque mi madre, Gladys, es blanca y de cabellos claros. Tengo dos hermanas de parte de mi papá y soy el mayor de tres hermanos. Mi padre era administrador de empresas y tenía negocios en mi país, sin embargo, durante mi infancia la situación estaba dura, por lo que mis padres tomaron la difícil decisión de emigrar a Estados Unidos para buscar mejores oportunidades para la familia. Esto fue algo muy fuerte para mí, ya que tuve que dejar a todas mis amistades del colegio y al resto de la familia. Lloré bastante porque no quería irme.

En 1980 llegamos al bajo Manhattan, precisamente al “East Side” y la calle 15 entre la primera y la segunda avenida. De ese tiempo recuerdo cuando papi nos llevó a los dos hijos mayores al primer día de escuela, que quedaba en un lugar en ese entonces no muy seguro. Luego nos confesó que ese día lloró al dejarnos porque cuando se fue, notó que un grupo de “estudiantes” estaba fumando sus cositas y bebiendo alcohol afuera del edificio a eso de las 8:00 a.m. Afortunadamente nunca adquirí esos vicios. Por esos días siempre tenia algún trabajito o “part time” al que iba después del colegio. Usaba más de lo que me ganaba comprando discos de vinilo y cassettes para grabar en casa (aún mantengo todos estos en perfecta condición). Mi carrera musical empezó en mi escuela, Seward Park High School, en donde hicieron un “Talent Show” en el cual los latinos teníamos la oportunidad de representar la música de nuestros países. Un buen amigo que conocí en la escuela, Carlos De Jesús, me convenció para que fuera parte de la banda de merengue. Como íbamos a hacer una canción instrumental, tuve que aprender a tocar la güira y así fue que me inicié. Cuando decidimos formar una banda para tocar en bailes, Carlos me dijo que intentara cantar en vez de ser güirero. Yo no estaba muy seguro, pero accedí al reto y me convertí en el cantante principal y al rato en uno de los directores musicales.

Luego de estar en tres orquestas de merengue decidí formar mi propia agrupación. Era mi primer proyecto musical, así que escribí varios nombres sobre un papel, uno de esos “Proyecto Uno”. A mis compañeros les gustó ese nombre y lo elegimos. Tocábamos puros merengues, entre los que se destacaban covers y temas inéditos, así como nuestras propias adaptaciones de otros géneros acomodadas a nuestro ritmo. Así nació la primera etapa de Proyecto Uno, cantando en restaurantes, sótanos y lugares pequeños de Nueva York. El otro miembro fundador fue mi amigo Rick Echavarría. Esto fue más o menos en 1989. En NY la onda de merengue estaba bastante movida en mi entorno y sonaban buenas canciones de Bonny Cepeda, Wilfrido y Sergio Vargas, entre otros. Yo escuchaba de todo, y en ese tiempo se dejaba sentir la onda de la lambada, la salsa erótica, Lisa Stansfield, Soul to Soul, Ten City, Technotronic con “Pump Up The Jam”… ¡había mucha buena música de todos géneros, bastante influencia musical!

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Afiche promocional de uno de los primeros toques de Proyecto Uno.

A Pavel de Jesús, otro miembro fundamental de la banda, lo conocí cuando teníamos aproximadamente cinco años en un colegio infantil llamado Los Benjamines, de Santo Domingo. Creo que fue mi primer amiguito de la escuela y él fue el primero de nosotros en emigrar a Nueva York. Nuestra amistad era peculiar porque a pesar de que nos distanciábamos de tiempo en tiempo, siempre se mantuvo la comunicación y el cariño. Al igual que yo, él era un amante de la música desde niño y teníamos (tenemos) gustos muy similares. Recuerdo que, en la ciudad, Pavel estaba trabajando en Quad Recording Studios, un estudio situado cerca de Times Square, donde grabaron muchas figuras importantes como Whitney Houston, The Ramones, U2 y Mick Jagger. Allí, él hacía de asistente e ingeniero de sonido de dos leyendas musicales del house: David Morales y Frankie Knuckles. Una anécdota curiosa es que él entró a trabajar recomendado por un amigo que dejó ese puesto porque iba a empezar su propio proyecto musical. Su nombre era Freedom Williams y el grupo por el que dejó el trabajo era nada menos que ¡C&C Music Factory!

Sí, ¡era muy emocionante! Por esos días Pavel tenia una pequeña Macintosh en su casa y andaba haciendo producciones de house. Al ver cómo secuenciaba los ritmos en la computadora, alguna vez le pregunté si era posible hacer lo mismo pero con tamboras, para hacer merengue con ese mismo sistema. Él me respondió que sí, que buscáramos algo para secuenciar, entonces me puse en la tarea y tomé una versión 12″ de un merengue de Ramón Orlando (hijo de Cuco Valoy, quien mas tarde sacaría una canción llamada “El Venao”), en el cual la percusión sonaba sola un buen rato. ¡Era exactamente lo que necesitábamos! Se la mostré y él me la secuenció. Le pedí que me diera varios minutos con esa secuencia sola y me la grabó en un cassette. Así empezamos a hacer algunas composiciones inéditas mías y a grabar las primeras ideas. Cuando ya teníamos las secuencias hechas, completábamos lo demás en el estudio grande. Para esto, Pavel me llamaba principalmente los fines de semana, empezando a veces los jueves, porque los viernes y los sábados David y Frankie se iban a tocar a discotecas famosas. ¡Era grandioso estar en ese tremendo estudio de grabación, utilizando esa tecnología moderna y totalmente gratis! Jajaja… ¡Mucha gente famosa grabó en este icónico lugar, era una bendición total!

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Pavel de Jesús y Nelson haciendo historia en los Quad Studios.

En este momento yo ya trabajaba para la compañía farmacéutica Pfizer (de manera confidencial, puedo decir que fui una de las personas de confianza en llevar documentos a Washington DC para que la FDA aprobara el Viagra… Claro que esto lo supe años después por qué era totalmente secreto… jeje). Recuerdo que un día, mientras estaba en la hora de almuerzo escuchando un cassette con una de estas secuencias, tarareando ideas de canciones, puse la radio y me encontré con la clásica “Everybody” de Black Box. Esto ya era en el 90. Se me quedó sonando en la cabeza. Entonces puse de nuevo el cassette y empecé a cantar esa canción pero a ritmo de la secuencia que tenía grabada… ¡Y se me prendió el famoso bombillito de las ideas! De inmediato empecé a escribir una versión en español de la canción pero manteniendo el coro en inglés, después le mostré la idea a Pavel y le encantó. Empezamos a grabarla poco a poco desde su estudio casero pero cuando llegó la oportunidad, me llamó para que la termináramos en Quad Studios. Y ahí fue que nació ese nuevo sonido, con esa magia que tenía ese lugar y la mezcla entre ese toque house y la percusión del merengue.

Proyecto Uno se conoció mundialmente con esta canción, llamada “Todo el mundo (Everybody)”, principalmente por esa mezcla de sonidos y fusiones. En un principio la gente no sabía bien cómo catalogar nuestra música. ¿Era merengue? ¿Quién tocaba los instrumentos y esa percusión tan poco usual? Incluso había gente que decía que estábamos haciendo daño al género. Luego hicimos la canción “Brinca”, que fue totalmente electrónica y revolucionaria. Esta nos llevó a posiciones número uno a nivel mundial y comenzó a revelar un nuevo sonido que la gente empezó a bautizar como “merengue house” o “meren house”, aunque nosotros lo habíamos denominado “merengue hip hop”. Fue muy bonito. Recuerdo que nuestra primera presentación masiva fue en Guayaquil frente a un público de unas 50,000 personas. Eso fue impresionante y ahí fue que nos dimos cuenta de que estábamos haciendo algo novedoso y diferente, aunque muchos no supieran aún cómo catalogarnos. Otra historia divertida es que alguna vez la asociación de cronistas y espectáculos de Nueva York premió a “Está Pegao” ¡como canción rock del año! No existía el renglón de “urbano” aún. Todo era o tropical o pop en el mercado latino y luego fue entrando lo de rock en español. Fuimos pioneros en este aspecto también.

Joya de época. No le digan a Nelson que la posteamos.

Durante nuestra carrera tuvimos la oportunidad de trabajar con personajes como Erik Morillo, el famoso productor colombiano, leyenda de la música electrónica, quien conocía nuestra música y sabía que éramos fuertes en el mercado latino, el cual él quería también conquistar. Juntos trabajamos en canciones como “Mueve la cadera” del álbum de su agrupación Reel to Real Are you ready for some more, que luego ganaría el premio Billboard como mejor canción Latin Dance en 1998, y luego también en nuestro himno a la hispanidad “Latinos”, incluido en nuestro álbum New Era para el sello disquero de otra figura icónica de la música dance, Jellybean Benitez. A medida que narro esta historia me doy cuenta de nuestra profunda vinculación y cercanía con la música house y dance.

Y sí. Apoyados en este sonido, vinieron canciones como “Está pegao”, el mega éxito “El Tiburón”, “Another Night”, “Pumpin'”, “Materialista”, “Cuarto de Hotel”, “25 Horas”, “El Grillero” y muchísimas otras más que fueron llegando a todas partes del mundo. Fuimos un grupo visionario del futuro de la música, mezclando todos los elementos que nos gustaban sin importar si iban a funcionar o no, disfrutando cada minuto del proceso. Un sancocho musical que unía la música dance, el house, los 70, los 80, el hip hop y el merengue, tanto en inglés como en español, de una forma atrevida y fresca. Y eso es lo que los jóvenes hacen: expresar su generación a través de la música. Nosotros nos atrevimos a hacer algo primero y el resultado fue una música que no tienes que saber bailar, sino sentir.

Y eso es lo importante.

***

Nelson Zapata es uno de los maestros musicales más innovadores de hispanoamérica.

Gracias Nicolas Vallejo y Thump Colombia por el articulo!

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